LA SOCIEDAD DEL FUTURO: hacia la economía colaborativa

LA SOCIEDAD DEL FUTURO: hacia la economía colaborativa

Silverio Barriga

Vivimos tiempos de crisis y aún no vislumbramos el modelo de vida que espera a nuestros nietos. Lo cierto es que los cambios se desarrollan vertiginosamente, pese a la lentitud con la que nosotros los percibimos.

Ahora, sufrimos las contradicciones entre el modelo social que hemos interiorizado a lo largo de nuestra vida y las tendencias que ya asoman y cuestionan muchas de nuestras conquistas.

Demasiados desequilibrios están poniendo a prueba la solidez de lo alcanzado hasta ahora.

Nuevos grupos políticos invaden el espacio público, con un discurso de denuncia, al desenmascarar la hipocresía o la falta de audacia de los partidos tradicionales, excesivamente anclados en el servicio de los poderosos.

La tensión no puede durar eternamente. Se están rompiendo las costuras del modelo. Y no sabemos hacia donde dirigir nuestros pasos.

La ruptura es necesaria, pero sin traumas, sin violencia, sin venganzas. A todos nos corresponde aportar nuestra iniciativa para realizar el cambio de modelo. Así no podemos seguir. Millones de seres humanos sufren los desquicios del modelo actual, basado en la desigualdad, el desequilibrio, la injusticia. Pocos detentan mucho poder y muchos sufren sus consecuencias.

En la era de la globalización en la que las nuevas tecnologías hacen añicos las coordenadas espacio-temporales, no podemos seguir gobernándonos con los esquemas periclitados de una sociedad menos dinámica que la nuestra. Nos corresponde detectar las tendencias que definirán el mundo de mañana.

Existen minorías activas que ya pergeñan lo que nos espera. Hemos de ser capaces de captar su osadía y escucharlas para aprovechar de sus intuiciones para mejor iniciar el futuro.

Algunos intelectuales ya han sabido marcar por donde irán los signos de los tiempos.

Jeremy Rifkin nos habla de ello en “La Tercera revolución industrial” donde se pone en entredicho la actual sociedad capitalista, basada en la tasa de ganancia, que está siendo aniquilada por la revolución que las nuevas tecnologías imponen en los costos marginales. De ahí que, cada vez más, se vea la necesidad de definir un nuevo modelo social basado más en la cooperación que en la competitividad.

Ya van apareciendo experiencias partidarias del pro-común (collaborative commons) que se alejan del mercado tal y como hoy lo estamos viviendo.

La economía colaborativa no valora tanto el enriquecimiento individual, la propiedad, cuanto la consecución de objetivos comunes que garantizan una vida más equilibrada, más exitosa y con mayor calidad de vida.

Cuando los recursos son limitados, de nada sirve lanzarse por la pendiente del desarrollo sin límites, confiando en que la fuerza del mercado nos permita seguir indefinidamente por un crecimiento material desbocado que, a menudo, siembra de cadáveres su recorrido.

En el campo de las nuevas tecnologías van apareciendo experiencias de economía colaborativa, basadas en el conocimiento libre, en el software libre, el open design, el open hardware.

El conocimiento puede ser compartido indefinidamente, sin que con ello empobrezca al que lo genera. En ello se basó la experiencia secular de los profesores universitarios que, generosamente, supieron transmitir el resultado de sus investigaciones. La mejor recompensa de una profesor es cerciorarse de que sus conocimientos se transmiten a las generaciones futuras, sin necesidad de apropiaciones extemporáneas.

Internet ha permitido divulgar el conocimiento de modo gratuito.

Wikipedia es un ejemplo de trabajo cooperativo puesto al servicio de la humanidad, sin distinción de situaciones sociales o ideológicas.

A partir del momento en que se accede a la tecnología, se abre el acceso a un mundo infinito de posibilidades para disfrutar del saber de otros.

Sin embargo, los mecanismos de transmisión no son lo suficientemente ágiles como para conseguir la universalización del pro-común. Nos hallamos sujetos a los engranajes del sistema capitalista que tiene capacidad, todavía, de fagocitar las actuales iniciativas de economía colaborativa.

Pero llegará un día en que estas experiencias, cual minorías activas, alcancen la masa crítica como para imponer un cambio de paradigma y fuercen a modelar otro tipo de sociedad. Una sociedad en donde el objetivo no sea acaparar riquezas, ni bienes, sino compartirlos para mejor vivir entre todos.

En el fondo, el ideario de la revolución francesa, con su lema de “libertad, igualdad y fraternidad”, no pretendía sino instaurar un modelo social basado en la equidad, la igualdad de acceso a los recursos, viviendo libremente en contextos multiculturales, hechos de mestizaje y mutuo enriquecimiento.

Igualmente algunas experiencias religiosas, en las distintas religiones, supieron introducir formas de vida en común, en donde desapareciendo la apropiación individual, potenciaron la atención al individuo pero dentro de un contexto colaborativo.

La sociedad del futuro será, necesariamente, una sociedad en red.

Rotas las coordenadas espacio-temporales, podremos aportar nuestro trabajo al colectivo, desde lugares distantes y en un contexto laboral plenamente democrático e igualitario.

Existirán líderes para coordinar el trabajo cooperativo, pero ya no se premiarán ni el despotismo, ni el autoritarismo, ni el sadismo laboral, ni la alienación en la consecución de bienes materiales. Incluso muchas tareas mecánicas serán realizadas por robots que desplazarán el sufrimiento de la mano de obra humana.

Necesitaremos menos horas de trabajo para conseguir los bienes que necesitamos. Nos centraremos más en los aspectos psicosociales que regulan las relaciones entre las personas. Viviremos más centrados en nuestro desarrollo personal que en el enriquecimiento pasajero en nuestro paso por el mundo. Potenciaremos el tiempo de ocio, el descanso, la colaboración en todos los campos. Nos será más fácil vivir y disfrutar de la vida. Posiblemente nos sentiremos más felices.

Utopía?

Los tiempos que vienen necesariamente contarán con muchos mimbres que, durante lustros, fueron considerados utópicos. Pero llega un momento, en que los sueños se hacen realidades. Y sólo si sabemos soñar, sabremos vivir.

Ese es el reto del futuro. O nos abrimos a los nuevos horizontes del desarrollo tecnológico, o moriremos enfrentados por unos recursos escasos que queremos apropiarnos unos pocos, mientras contemplamos cínicamente la lenta agonía de quienes, impotentes, agonizan en la otra orilla.

Creer en la utopía y aprovechar los recursos de que disponemos, es la manera más inteligente de preservar nuestro planeta y convivir con nuestros semejantes.

El futuro está delante de nosotros. Y no podemos despilfarrarlo, como ahora emponzoñando el presente de millones de seres humanos.

Nuestra responsabilidad radica en estar atentos a los signos de los tiempos y en ser capaces de abrazar el nuevo paradigma de la economías colaborativas.

Silverio Barriga

Catedrático

Presidente del CUS – Colectivo Universitario Senior-

Colaborador del Consejo Social-USE

 

16.02.2015

 

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